Daniel, el mochuelo.
"(...) A Daniel, el Mochuelo, le dolía esta despedida como nunca sospechara. Él no tenía la culpa de ser un sentimental. Ni de que el valle estuviera ligado a él de aquella manera absorbente y dolorosa. No le interesaba el progreso. El progreso, en verdad, no le importaba un ardite." (El Camino.- Miguel Delibes) (nota: un "ardite" es una moneda vieja sin valor)
Hace mucho tiempo que leí "El Camino" de Delibes. Nos lo mandó Antonio Teruel en primero de B.U.P., aquel profesor que tenía varias coletillas que me hacían reír, como: "copien, copien", dicho cada x segundos y de obligatorio uso diario, o: "usted llegará lejos, Martín, es un tipo chapado a la antigua". Un hombre curioso que vestía, casi siempre, camisas amarillas y lucía unas frondosas patillas estilo rockabilly. Recuerdo que me felicitó cuando tuve a bien cortarme el pelo después de una larguísima temporada dejándolo crecer a su aire.
Antonio Teruel era de..., mira, ahora dudo, no sé si era de Jaén o de Córdoba, pero tenía un acento muy marcado. Nos pasábamos la hora de la asignatura de Lengua copiando como condenados unos textos de lo más complejos para chavales de catorce años, que eran los que tenían los alumnos de 1º de B.U.P., actualmente... mira, no sé, ¿cuarto de la E.S.O.? ando perdido con las equivalencias. En esos textos lo mismo te habla de Ferdinand de Saussure, de semiótica, de Chomsky (sí, escuché por primera vez ese nombre a los catorce años), de Lázaro Carreter... Se le notaba pasión por lo suyo, lo que pasa es que si metes esas morcillas en el aula que (según se le escapó a algún profesor) reunía a "lo peorcito" de cada curso, donde casi la mitad eran repetidores (alguno ya con barba y casi familia propia) y la otra mitad éramos los zangolotinos de los pueblos, ahí no aprobaba ni dios. Creo que al final aprobaríamos dos o tres de mi clase en junio, de entre casi treinta alumnos.
En fin, que me voy por las ramas, que Antonio Teruel, "el patillas" para nosotros, nos mandó leer "El Camino". Que la mayoría de la gente dijo que menudo pestiño, pero que a mí, aunque me pareció uno de los libros más tristes que había leído hasta la fecha, sí que me gustó muchísimo y me dejó su huella.
El protagonista de este libro es un niño de 11 años, Daniel, "El Mochuelo". A Daniel le dicen "el Mochuelo" porque desde pequeño todo lo observa con atención, abriendo mucho los ojos con cara de asustado. Todo el relato transcurre en una sola noche, la noche antes de que Daniel se tenga que ir del pueblo a estudiar a un internado porque su padre, que es quesero, quiere que Daniel progrese porque es un niño inteligente y su destino es ser en la vida alguien más importante que su padre. Daniel, que no podrá dormir, se pasa toda la noche recordando las cosas que le gustan de su valle y las aventuras que ha vivido con sus amigos del pueblo, Germán "el Tiñoso" y Roque "el Moñigo". En esta novela la naturaleza ocupa un lugar preponderante, como casi en todas las obras de Delibes, una naturaleza que es descrita con minuciosidad, porque es un terreno que el autor domina con maestría y que al que tiene cierta sensibilidad por lo bucólico, o ha vivido parte de su vida en un pequeño pueblo, o cerca del campo, no deja indiferente.
Ignoro porqué nos mandaron leer esta novela precisamente cuando empezamos el instituto, ¿para disuadirnos de estudiar? ¿para criticar el progreso? Supongo que más bien sería porque la novela es una obra maestra de la narrativa contemporánea con la que es relativamente fácil que pueda conectar un chaval. Detrás de un argumento relativamente simple hay escondidas muchas cargas de profundidad donde se tocan, además de la naturaleza, el descubrimiento del amor, la exaltación de la amistad, la muerte y el impacto que nos produce cuando somos niños o sobre la imposibilidad de decidir sobre el propio destino. Todo ello bajo la cuidada prosa castellana de Miguel Delibes, que, según le leí hace tiempo, encontró su estilo en esta novela.
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| Ilustración de Pablo Auladell sobre El camino de Miguel Delibes |
Hace mucho tiempo que leí "El Camino" de Delibes. Nos lo mandó Antonio Teruel en primero de B.U.P., aquel profesor que tenía varias coletillas que me hacían reír, como: "copien, copien", dicho cada x segundos y de obligatorio uso diario, o: "usted llegará lejos, Martín, es un tipo chapado a la antigua". Un hombre curioso que vestía, casi siempre, camisas amarillas y lucía unas frondosas patillas estilo rockabilly. Recuerdo que me felicitó cuando tuve a bien cortarme el pelo después de una larguísima temporada dejándolo crecer a su aire.
Antonio Teruel era de..., mira, ahora dudo, no sé si era de Jaén o de Córdoba, pero tenía un acento muy marcado. Nos pasábamos la hora de la asignatura de Lengua copiando como condenados unos textos de lo más complejos para chavales de catorce años, que eran los que tenían los alumnos de 1º de B.U.P., actualmente... mira, no sé, ¿cuarto de la E.S.O.? ando perdido con las equivalencias. En esos textos lo mismo te habla de Ferdinand de Saussure, de semiótica, de Chomsky (sí, escuché por primera vez ese nombre a los catorce años), de Lázaro Carreter... Se le notaba pasión por lo suyo, lo que pasa es que si metes esas morcillas en el aula que (según se le escapó a algún profesor) reunía a "lo peorcito" de cada curso, donde casi la mitad eran repetidores (alguno ya con barba y casi familia propia) y la otra mitad éramos los zangolotinos de los pueblos, ahí no aprobaba ni dios. Creo que al final aprobaríamos dos o tres de mi clase en junio, de entre casi treinta alumnos.
En fin, que me voy por las ramas, que Antonio Teruel, "el patillas" para nosotros, nos mandó leer "El Camino". Que la mayoría de la gente dijo que menudo pestiño, pero que a mí, aunque me pareció uno de los libros más tristes que había leído hasta la fecha, sí que me gustó muchísimo y me dejó su huella.
El protagonista de este libro es un niño de 11 años, Daniel, "El Mochuelo". A Daniel le dicen "el Mochuelo" porque desde pequeño todo lo observa con atención, abriendo mucho los ojos con cara de asustado. Todo el relato transcurre en una sola noche, la noche antes de que Daniel se tenga que ir del pueblo a estudiar a un internado porque su padre, que es quesero, quiere que Daniel progrese porque es un niño inteligente y su destino es ser en la vida alguien más importante que su padre. Daniel, que no podrá dormir, se pasa toda la noche recordando las cosas que le gustan de su valle y las aventuras que ha vivido con sus amigos del pueblo, Germán "el Tiñoso" y Roque "el Moñigo". En esta novela la naturaleza ocupa un lugar preponderante, como casi en todas las obras de Delibes, una naturaleza que es descrita con minuciosidad, porque es un terreno que el autor domina con maestría y que al que tiene cierta sensibilidad por lo bucólico, o ha vivido parte de su vida en un pequeño pueblo, o cerca del campo, no deja indiferente.
Ignoro porqué nos mandaron leer esta novela precisamente cuando empezamos el instituto, ¿para disuadirnos de estudiar? ¿para criticar el progreso? Supongo que más bien sería porque la novela es una obra maestra de la narrativa contemporánea con la que es relativamente fácil que pueda conectar un chaval. Detrás de un argumento relativamente simple hay escondidas muchas cargas de profundidad donde se tocan, además de la naturaleza, el descubrimiento del amor, la exaltación de la amistad, la muerte y el impacto que nos produce cuando somos niños o sobre la imposibilidad de decidir sobre el propio destino. Todo ello bajo la cuidada prosa castellana de Miguel Delibes, que, según le leí hace tiempo, encontró su estilo en esta novela.


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