Nuka
Vamos a tardar un tiempo en dejar de buscarte por la casa, se nos hará difícil mirar y no encontrarte en los que eran tus sitios preferidos. Me acordaré cada tarde, mientras estudio esa carrera que llevábamos a medias, de tu compañía y calor. Y me haré así, para atrás, en el respaldo de la silla, esperando encontrarte a modo de reposacabezas y no estarás. No encontraré tu cuerpecillo de superheroína con capa y antifaz despertándose del sueño mágico en el que viven los gatos, para beberse el agua de mi vaso. Y volveré, cabizbajo, al renglón absurdo por el que iba, con desgana y tristeza.
Dicen que sólo se quiere aquello que se conoce. Creo que es verdad, y nosotros nos conocíamos muy bien. Me gustaba esa manía que te dio los últimos años de traernos cosas cuando estábamos en el sofá del salón; un ratón de juguete que querías que te lanzásemos por el pasillo para tú salir disparada a por él, un paquete de pañuelos de papel que tenía guardado en un cajón, o la caja de rotuladores con los que subrayo los apuntes. Eras una gata-perra. También nos hacía gracia que te revolcases encima de mis camisas limpias ("es que huelen a ti y eso le gusta, porque Nuki te quiere mucho", decía Alba) y también que salieses disparada hacia la ventana cuando venían las urracas a darnos la murga a la hora de la siesta. ¿Y qué decir de esa fascinación por morder los plásticos y dejarlos como si alguien hubiese escrito en braille? Han sido tantas horas de juego...
Habrá quien piense "después de todo, sólo es un gato". Y es cierto, no era nada más, ni tampoco nada menos, ¡ojo! Pero esa gata en estos diez años, desde que llegó hasta mí dentro de una caja de zapatos, ha sido una gran compañía, sin duda, la más fiel y constante. Cuando volví a Cáceres después de tanto tiempo, tenía una alegría que se fue convirtiendo en decepción poco a poco. Todo cambia, ya lo decía Heráclito, cambia el mundo y con ello las circunstancias y las personas que conocías. Siempre ha sido así y es conveniente asumirlo. Pero tú me proporcionabas una gran tranquilidad, tú espantabas los negros pájaros de la tristeza que quiere anidar en mí, como buen animal psicopompo que eras.
Te fuiste tranquilita, sin sufrir, mientras nosotros nos íbamos desdibujando. Sólo espero que un día volvamos a encontrarnos y ya no haya despedidas.
Dicen que sólo se quiere aquello que se conoce. Creo que es verdad, y nosotros nos conocíamos muy bien. Me gustaba esa manía que te dio los últimos años de traernos cosas cuando estábamos en el sofá del salón; un ratón de juguete que querías que te lanzásemos por el pasillo para tú salir disparada a por él, un paquete de pañuelos de papel que tenía guardado en un cajón, o la caja de rotuladores con los que subrayo los apuntes. Eras una gata-perra. También nos hacía gracia que te revolcases encima de mis camisas limpias ("es que huelen a ti y eso le gusta, porque Nuki te quiere mucho", decía Alba) y también que salieses disparada hacia la ventana cuando venían las urracas a darnos la murga a la hora de la siesta. ¿Y qué decir de esa fascinación por morder los plásticos y dejarlos como si alguien hubiese escrito en braille? Han sido tantas horas de juego...
Habrá quien piense "después de todo, sólo es un gato". Y es cierto, no era nada más, ni tampoco nada menos, ¡ojo! Pero esa gata en estos diez años, desde que llegó hasta mí dentro de una caja de zapatos, ha sido una gran compañía, sin duda, la más fiel y constante. Cuando volví a Cáceres después de tanto tiempo, tenía una alegría que se fue convirtiendo en decepción poco a poco. Todo cambia, ya lo decía Heráclito, cambia el mundo y con ello las circunstancias y las personas que conocías. Siempre ha sido así y es conveniente asumirlo. Pero tú me proporcionabas una gran tranquilidad, tú espantabas los negros pájaros de la tristeza que quiere anidar en mí, como buen animal psicopompo que eras.
Te fuiste tranquilita, sin sufrir, mientras nosotros nos íbamos desdibujando. Sólo espero que un día volvamos a encontrarnos y ya no haya despedidas.



Gracias por querer quedarte con la última gatita de la camada, así vinieron 10 años de risas, pelos por la casa, Sherkan, y mucho amor gatuno. Qué suerte, ¿a que sí?
ResponderEliminarMereció la pena cada segundo, fuimos afortunados. 😘
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