El Apartamento
Qué agradable es volver de ver "El Apartamento" (Billy Wilder. 1960), esa obra maestra del cine. El viernes por la noche, a las tantas, me entró el mono (de cine clásico) y no me pude resistir.
C.C. Baxter, el personaje interpretado por Jack Lemmon, es un humilde oficinista, el último peldaño de una multinacional aseguradora, que sueña con tener despacho propio y ocupar algún día uno de los pisos de arriba, reservados a los directivos de la compañía, un sueño que también comparten los cientos de trabajadores de su planta. Pero nuestro héroe sabe que para progresar rápido en una multinacional, o en lo que sea, poco importa la valía profesional y mucho los "favores" que puedas hacer.
Baxter tiene alquilado un bonito y céntrico apartamento que cederá amistosamente a un rosario de jefes, jefecillos y jefazos, para que lo usen como picadero con sus relaciones extramaritales, a cambio de que estos últimos le tengan presente en los informes mensuales de eficiencia. Favor con favor se paga.
También sueña con invitar a salir a una de las ascensoristas de la empresa, la guapísima Fran Kubelik (Shirley MacLaine) de la que vive secretamente enamorado. Él sabe algunas cosas de ella, porque ha buscado su ficha de seguros. Sabe que vive con la hermana y con el marido de ésta. Sabe su edad y donde nació. Pero salvo estos datos y que está loco por ella, sabe poco más.
El día de la recompensa llega puntual. Esos buenos informes sobre Baxter en tantas competencias no pasan inadvertidos para el jefazo de personal, el señor Sheldrake, que como hombre avispado y con mucha mili hecha, no tarda en ver fantasmas en que este sujeto con cara de pringáo reciba tantas alabanzas de sus superiores. Sheldrake, con su aire de machuno alfa que las coge al vuelo, al estilo Don Draper, ya sabe lo de la historia de la llave del apartamento de Baxter que pulula de despacho en despacho y ha pensado sacarle partido. Le regala dos entradas para asistir a una obra de teatro mientras él hace uso y disfrute del apartamento con su querida.
Pero eso a Baxter no le incomoda. Lo importante es que ya tiene despacho propio; Corre, en ese estado de embriaguez eufórica que dan los golpes de suerte a los perdedores, a buscar a Fran para invitarla al teatro. "He quedado, pero a las ocho y media estaré allí" y a Baxter se le pasa de golpe el catarro que arrastraba.
Llegan las ocho y media y allí espera, ilusionado, a que se presente Fran, pero ella le da plantón. Fran no acude a la cita porque el señor Sheldrake (el jefe de personal) que es su amante y con el que iba a cortar la relación, la ha engatusado con falsas promesas de divorcio y de planes en común. Por si fuera poco, toda la reconciliación ha tenido lugar en el propio apartamento de nuestro amigo. De todo esto se entera Baxter por pura casualidad, gracias a un pequeño espejo de neceser que encuentra tirado en el suelo del apartamento y que resulta ser de Fran. Esta revelación le partirá por dentro.
Todo sigue en ese estado de cosas hasta que durante la fiesta de navidad de la empresa, la secretaria personal del señor Sheldrake decide revelar a Fran que Sheldrake nunca dejará a su mujer, que ella sólo es una mujer más de una extensa lista de conquistas extramatrimoniales. Esta vez es Fran la que se nos rompe. Quiere pensar que todo es mentira, pero cuando esa misma noche se reúne con el señor Sheldrake en el apartamento de Baxter y éste le da largas con lo del divorcio, comprende que todo lo que le había dicho la secretaria era cierto. Sheldrake se marcha apresuradamente del apartamento porque su mujer espera en casa con los niños, ella se queda allí y decide suicidarse ingiriendo un bote de pastillas que encuentra en el cuarto de baño del apartamento.
Baxter regresa a casa y se encuentra con el pastel. Muy asustado, le falta tiempo para ir a avisar a su vecino, que es médico, para que intente salvar su vida. Con no poco esfuerzo consiguen sacarla de peligro. Cuando ya ha pasado lo peor, Baxter telefonea en secreto a su jefe para contarle lo que ha sucedido, pero éste despacha el asunto sin preocuparse lo más mínimo "sales con una chica 3 ó 4 veces y ya se piensa que vas a dejar a tu mujer y a tus hijos" le dice, "ocúpese usted, Baxter, ya hablaremos después de las vacaciones".
Durante todas las navidades Baxter acoge a Fran en su casa para vigilar que no intente suicidarse, la cuida y la entretiene, cocina para ella sus famosos espaguetis escurridos con raqueta de tenis. Ella, conmovida por la bondad de su bienhechor, le suelta un sincero "pero porqué no puedo yo enamorarme de alguien como usted"
Y hasta aquí voy a contar. Porque yo la película ya la he visto muchas veces, pero lo mismo vosotros no. Pero aviso que con lo genial que fue Billy Wilder no deja cabos sueltos. Sí, es una de mis películas favoritas de todos los tiempos.

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