Una giornata particolare

Hace unos meses nos dejó el director de cine y guionista italiano Ettore Scola. Tal vez el nombre no os diga mucho. A los que sois aficionados al cine, seguro que sí. Scola fue uno de los representantes de la corriente cinematográfica conocida como commedia all'italiana. Trabajó con los más grandes actores del cine italiano y fue un autor muy prolífico y muy comprometido con sus ideas de izquierda. Su última obra "Qué extraño llamarse Federico", fue un homenaje a otro grandísimo autor, su gran amigo Fellini.

"Una jornada particular" te sumerge en esa sórdida y estremecedora Italia fascista de Mussolini, tan gris, tan triste y tan temible como quedó reflejada en "Novecento". 

"Una jornada particular" cuenta una historia de amistad pura entre dos seres sensibles, inteligentes y buenos llamados Antonietta (Sophia Loren)  y Gabriele (Marcello Mastroianni) que vienen a encontrarse en un día especial que tiene a todo el mundo alborotado, la visita de Hitler a Roma el 6 de mayo de 1938. Nadie, desde los prebostes a la gente más humilde, quiere faltar a "tan magno" acontecimiento. Pero Antonietta, ama de casa tradicional, no puede asistir porque tiene pendientes las tareas del hogar, mientras Gabriele no quiere ir porque no profesa simpatía alguna por el régimen que le ha despojado de su trabajo de locutor de radio y de la compañía de sus amigos, confinados por los fascistas, por es simple hecho de ser homosexuales, en una isla.

Gabriele que no soporta el día a día en un mundo en el que se tiene que esconder, baraja la idea del suicidio constantemente. Sabe que el próximo en acabar en aquella isla donde están sus amigos o muerto por las calles será él mismo por su preferencia sexual. Antonietta, bella e inteligente, es rehén de un marido machista que la anula totalmente como persona, un hombre gris, un entusiasta del fascismo como hubo, hay y habrá tantos.

De manera fortuita, nuestros protagonistas se encuentran ese día en las escaleras del edificio. Se caen bien casi al instante, se invitan a tomar café, charlan de libros, se hacen amigos íntimos. Antonietta se siente irresistiblemente atraída por Gabriele, tan diferente de los hombres que conoce, tan soñador, tan alegre, pero este la rechaza por motivos obvios. Sin embargo, surge entre ellos una complicidad y una amistad que les permite evadirse por unas horas de aquellos amargos tiempos.


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