La importancia del estilo
Me encontraba descansando unos días en mi mansión victoriana y me dije, "¡joder!, I can't wait to get back!" Hace la tira que no pongo unas líneas y como ha llegado el año nuevo es buen momento.

Y hasta hace un rato os leía así, con mi atuendo otoño-inverno. Mi estilo, como podéis observar, sintoniza con mi regio porte. Os ilustro; camisa, corbata de seda y gato negro y blanco al final del brazo. Muy padrinesco y cinematográfico.

Pero en verano os leía más fresco. Tal que así. Con cierta cara de circunstancias mientras estaba pasando unos días en la selva amazónica. (pueden verse claramente las lianas). La Amazonía está bien porque no hay zona azul, os comento, pero no se come muy allá, no hay bares de pinchos ni nada. En ese sentido la verdad es que la selva me decepcionó. No sé, ¡un poquito de iniciativa o algo! Pero los indios que moran por esos lugares me dijeron que no merece la pena montar negocio, que si el autónomo sale carísimo, que los alquileres, que si viene poca gente. Y es que hay personas que todo lo ven negro, no tienen iniciativa alguna, para ellos todo son pegas. Pero, ¡joder!, si no hace falta tampoco arriesgarse mucho, no sé... una franquicia del "100 montaítos" o una "Sureña" allí vendrían de escándalo. Y la inversión es relativamente menor. Yo doy ideas, por si alguno de vosotros se anima a montar una Sureña cerca de las orillas del Ipiranga.
Volviendo a lo del estilo, esto viene a colación porque es mucha la gente que últimamente me para por la calle y me dice:
-Oye, Javier, ¿con estilo se nace, o se hace una?
-Oiga, señora, déjeme en paz que no nos conocemos de nada.- contesto contrariado.
- Ah, pero es que yo sigo tu blog y me reconcome la duda y...
Claro, ya te ves en el compromiso. Por eso es conveniente siempre tener un modelo en el que fijarse. Yo tengo el mío y es éste:
![]() |
| "Como dijo el Profesor Germán de Argumosa: los fantasmas sí, pero con mesura" |
¿ A qué os habéis quedado picuetos? Bueno, ya sabéis que es Don Santiago Vázquez: discípulo del profesor Argumosa, parapsicólogo colegiado, especialista en bilocaciones y fantasmogénesis, ex-estrella en el programa de Íker Jiménez y Carmen Porter. Para mí es todo un paradigma de la elegancia, el saber estar y las buenas maneras.
Es decir que, contestando a aquella buena mujer, yo tenía clarísimo como el agua de la Garganta de los Infiernos, que tenía mi modelo y mi estilo bien definido.
Lo que no le dije a la buena mujer es que hay otras cosas que veo que me dejan consternado, abatido. Veo que empieza a imponerse la moda del "todo vale", de llevar una suerte de ardilla disecada en la cabeza en los chicos (cosa que había inventado el director de cine David Lynch hace siglos), que al final el pantalón pitillo (que estiliza, pero deja culo carpeta) enseñorea su hegemonía en el mundo pantalonil, las botas, las camisas de cuadros, las barbazas desproporcionadas que no sabe uno si es por moda o es que acaban de regresar de un penal siberiano (pobres...).
He vivido también para ver cosas como esta, Lenny Kravitz (con lo que ha sido este hombre para la música con sus imitaciones de la música sesentera y setentera que causaron furor en su día) yendo por Nueva York con bolsas del Pryca sepultado bajo una bufanda que, a la vista está, no es de su talla. ¿Qué clase de cabrón tiene por asesor de imagen? Bueno, lo mismo estoy siendo algo imprudente. Tal vez esta bufanda se la haya hecho la abuela, a la que se le ha ido claramente la mano con la medida y dice "bueno, pero es que todavía tienes que crecer!" "Abuela, si tengo ya 40 años!!" Pero eso a una abuela le da igual, porque tú, tengas 10 años o 40, siempre serás un niño.
Yo admito que me va más lo clásico. Donde esté una buena levita, un monóculo, un bonito frac, incluso una chistera, que se quiten todas estas moderneces. Pero, amigo, los tiempos están cambiando, como decía Bob Dylan, que, para lo que sois de la ESO, era un señor raruno y bajito que cantaba cosas de hippies y tocaba la armónica y otras muchas cosas.
A modo de epílogo, me vais a permitir que recurra a los clásicos. Decía Unamuno, que era un señor viejuno y barbado que vivía en Salamanca y escribía libros existencialistas, que "la moda es la monotonía en el cambio". Por tanto, sea cual sea vuestro estilo, guardad la ropa, cuidadla bien y no la deis a la parroquia ni mucho menos a esas cajas de cartón que ponen en los descansillos del edificio. Guardadla como buenamente podáis y ponedle bolitas de esas de las polillas que parecen caramelos de menta pero no, porque tarde o temprano volverá a estar de moda y la gente caerá rendida a vuestros pies por ser tan jodidamente trendys.
Y hasta aquí mis reflexiones de hoy. Hoy vienen los Tres Presidentes de las Repúblicas de Oriente cargados de regalos, que os traigan muchas cosas. Yo, seguiré fiel a mi estilo, que en algún momento, volverá a estar de moda.


Qué grande el pié - y su correspondiente afoto - del inconmensurable Santiago Vázquez. A ver si frecuentas más la tarea de escribir, gachó!
ResponderEliminarHombre, señor! Nada, nada, grande eres tú y, por supuesto, Santiago Vázquez. A ver si saco más tiempo, porque estas tontunas se me ocurren así de golpe y las pongo del tirón, pero tengo una idea más en serio (pero que requiere más tiempo) en plan "Sinopsis de Cine" de Sanchidrián, pero con novelas. Un abrazo, intentaré prodigarme algo más.
Eliminar