La pesca milagrosa.


Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que llamaban el Gemelo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos de Jesús. 
Simón Pedro les dijo:
–Me voy a pescar
Ellos contestaron:
–Nosotros también vamos contigo.
Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada. 
Cuando comenzaba a amanecer, un hombre apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que era.
El hombre les preguntó:
–Muchachos, ¿no habéis pescado nada?
–Nada –le contestaron.
Y el hombre les dijo:
–Echad la red a la derecha de la barca y pescaréis.
Así lo hicieron, y luego no podían sacar la red por los muchos peces que habían cogido.
Entonces aquel discípulo a quien Jesús quería mucho le dijo a Pedro: –¡Es Jesús!
Apenas oyó Simón Pedro que era él, se vistió, porque estaba sin ropa y se lanzó al agua. 
Los otros discípulos llegaron a la playa con la barca, arrastrando la red llena de peces, pues estaban a cien metros escasos de la orilla.
Al bajar a tierra encontraron un fuego encendido, con un pez encima, y pan. Jesús les dijo:
–Traed algunos peces de los que acabáis de sacar y veníos a comer.






La Biblia tiene multitud de pasajes evocadores, inspiradores e incluso tiene cierto valor histórico. Aun siendo un ateo irredento como yo, soy capaz de considerar estas cuestiones. Éste y la parábola de El Hijo Pródigo son mis favoritos. Pero los milagros relacionados con la pesca me tocan la fibra sensible, lo reconozco. Soy muy aficionado a la pesca desde bien chico, he sufrido jornadas aciagas de esas que te vas para casa cansado y con las manos vacías. Quizá por eso este pasaje me resulte tan cercano.

Es todo tan bonito;  un día de pesca nefasto y, cuando todo parecía perdido, aparece un hombre que les aconseja desde la orilla intentarlo una vez más. Y no sólo pescan, es que casi se rompen las redes. Y el hombre que les aconseja, que les espera a la orilla con el fuego encendido, no es otro que su viejo amigo, aquel a quien tanto querían, que no está muerto, sino que sigue ahí para ayudarles como el día que les sucedió algo similar y les convenció para que se hiciesen pescadores de hombres.

Qué distancia sideral separa a la Iglesia de las cosas que vienen en los evangelios. 

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