Bailando con Buda

"Quiero ser como una mula,  
terco, es mi más pura voluntad. "

"No creas que estoy huyendo,
si me ves retroceder
espera
que estoy cogiendo carrera
desafiar la perspectiva de fracaso
a la que estamos
condenados."


A partir de ahora, las imágenes de este blog las haré yo mismo para dejar de violar innumerables derechos de autor.- Disculpen la cutrez.


Hace unos diez años, por estas mismas fechas, yo estaba haciendo unas sustituciones en una sucursal bancaria (sí, lo sé, fascinante) en la que coincidí con otro señor que también estaba sustituyendo a otra persona de la oficina. Digo señor por la edad, de unos sesenta, cercana a la jubilación, y era un personaje para conocerlo. Fue un día de trabajo bastante jodido porque la jornada anterior la directora de la oficina había dejado la caja fuerte bloqueada y no se pudo desbloquear hasta dos o tres días después, con lo cual no teníamos dinero para atender a los clientes y tuvimos que buscarnos la vida pidiendo “prestado” a las sucursales de otros pueblos. Nunca había llevado tanto dinero en el coche. Pero aquella estresante jornada generó bastante complicidad y risas entre nosotros dos y terminó con una invitación a comer. “Te invito yo” dijo, “que estos son mis vicios” (no sabía que yo también tengo buen saque y otros vicios similares)

Creo que esta aventura ya la he contado en alguna ocasión, soy un hombre primario y he puesto tanto empeño en olvidar tantas cosas que al final, por su proximidad, he acabado olvidando cosas esenciales a las que sólo accedo en ocasiones y de forma aleatoria. Que la memoria, la mía, es así y espero que me perdonéis. Y si no lo hacéis arded en el infierno, cabrones.

En resumen, entre el vino, unas kokotxas de merluza y un cochinillo confitado, fluía la conversación de aquella extraña pareja de seres (no tanto como Jack Lemmon y Walter Matthau), sentados en ese cojonudo restaurante de Hervás. Empezamos, no sé porqué, hablando de Dostoievski y terminamos con Robe Iniesta. “No sé” le dije, “pero de todo lo que he escuchado y leído, es de lo poco que me creo.”. Él, que lo conocía bien, me dijo “es que Robe habla de ti, habla de mí, habla del ser humano y sus contradicciones a través de él mismo” Y empezamos a ahondar rudimentariamente en algunas estrofas de algunas canciones, sobre todo de mis favoritos “¿Dónde están mis amigos?” y “Deltoya” Y fue uno de esos momentos maravillosos y emocionantes que a uno le gusta recordar. Volví a casa en aquel Seat Toledo gris, ya viejuno y sin calefacción, escuchando la Pedrá en bucle y cantando como si no hubiera un mañana.

Yo llevo escuchando a Extremoduro desde los diez u once años y mis hermanos lo han mamado desde más chicos. He vivido el proceso clandestino, del graffiti de las bellotas radioactivas por algunas calles de Plasencia, de la maqueta que andaba por ahí rulando, con un sonido pésimo ya de haber pasado de mano en mano, de la leyenda del hombre que vendía gusanitos en una furgoneta, el yonki, de Jesucristo García. Se sumaban muchos factores para que me enamorase de aquel rock transgresor, le cogí el aire pronto. El hermano de mi amigo Alexis tenía el “Deltoya” y el “Dónde están mis amigos”, me los pirateó (la piratería es algo que odia el Robe, lo siento, pero que se joda. No voy a criticar lo de los derechos de autor para unas cosas y no para otras) y los escuché hasta desgastarlos, hasta sabérmelos de memoria.

Luego fui adquiriendo el resto de la discografía a medida que lo nuevo era publicado, creyéndome y memorizando las letras y yendo a los conciertos. Ya, al contar con ingresos, pude adquirir las obras originales, para tranquilidad monetaria del Robe. Así hasta lo último, “Para todos los públicos”.

A menudo leo críticas musicales, literarias y cinematográficas y la mayoría me repelen. Me revuelve las tripas las vueltas dialécticas que le da la gente a cualquier asunto, usando rebuscadas expresiones para intentar transmitir que han aprehendido el complejo mensaje del autor, que subyace agazapado esperando que uno de esos exégetas del mundo del arte lo saque a la luz. Me repele y mucho. Me sucede en ocasiones con cierta literatura, de la que procuro huir despavorido. Me gusta Robe, Extremoduro por extensión, porque es honesto, directo y claro. Me gusta el Robe porque por lo menos se reconoce en sus contradicciones. Contradicciones que le han llevado a decir cosas como “si gustas a muchos es malo, porque la mayoría de la gente es gilipollas” y sin embargo él es ahora un fenómeno de masas. Y, aunque escueza, la música que hace ahora ya no es rock transgresor, es otra cosa, una fórmula distinta. Pero está bien, no lo critico, tampoco yo soy el mismo que cuando empecé a escucharlo, yo también he evolucionado, me he paseado por multitud de estilos musicales distintos y he tenido mis épocas de acercamiento o alejamiento de según qué liturgias. Ya no llevo el pelo largo, ni pantalones ajustados, ni camisetas negras de Megadeth, ni escucho Barricada a diario.

El Robe, como todos los que somos “esclavos de la intesidad”, es algo gilipollas en ocasiones. Es contradictorio, repito. Muy contradictorio, muy cabezón, muy suyo, se cree más listo que la mayoría, se cree la hostia en verso, es un incordio y una mosca cojonera. Es muy anti-todo, pero pone las entradas de sus conciertos a casi 30 euros y los litros de cerveza a 10 euracos y es implacable con la piratería de sus discos. No olvido que cuando mi hermano chico y un amigo suyo le preguntaron si les podría firmar unos discos les dijo: “sí, pero no me traigáis ninguno pirata, ¿eh?” Pero son cosas que se le toleran, porque después de todo nos da toda su alma a cambio de no mucho.

Volvamos al disco nuevo. Como decía, ya no es rock transgresivo, basta empezar por el principio o por el final del mismo, pero mantiene esa fuerza avasalladora de las letras, que son, en ocasiones, como en “Mi voluntad”, una manada de caballos salvajes galopando hacia el infierno. Y hay pasión y hay ganas y por más vueltas que le doy no encuentro las imposturas. Quitando la primera y última canción, el resto me gusta bastante.  Habrá quien opine lo contrario y yo a esas personas les digo que no pasa nada y que el pasteleo, bien llevado, no es ningún desdoro.

He decidido, de momento, quedarme con estas cosas de cada canción. Cada cual que coja las suyas. Cada uno en su casa y Pedrá en la de todos. Y el que quiera saber qué sabores musicales se paladean en este disco y de qué fuentes ha estado bebiendo Extremoduro, pues mira, que se compre la Rolling Stone o la Rockdelux, que para esos les pagan y a mí no me sale de los cojones decir si ciertas cosas me recuerdan a Bryan May de Queen y otras a Pink Floyd o a John Lennon. Eso para los exégetas a sueldo, repito.

01.- “No sé en qué parte de esta historia

perdí el argumento primario

no sé qué cojones me agobia

hoy, según dice el calendario

vuelve a llegar la primavera y me molesta el sol”



02.- “No sale el sol si no encuentro
esa luz que tú llevas.
Hoy puede ser que llueva.
Que no puedo entrar en calor
si te vas y no vienes.
Hoy puede hasta que nieve.



03.- "Hoy que me encuentro perdío, vamos a saltar del puente 
A ver si caemos al río, al mismo de siempre. 
Dices que no te hago caso, es que tuve que irme lejos. 
Pero te prometo que doy pasos, sin tocar el suelo. "



04.- “Al respirar, el aire entra y después se va

y ya no es nada mío

pero algo cambió en mi manera de pensar

y ya no soy el mismo”



05.-“qué pena que nadie nos fusile al alba”



06.- "Ya no necesito tener alma, 
ya no necesito tener sed. 
Dime niña ¿Dónde está? 
La fuente que da el poder (bebed). 
Bebo de la fuente a ver que pasa, 
si ella me traspasa su poder. 
Sabes que cuando te vas, 
me quedo aquí sin saber (que hacer)." 



07.- "Cántaro a la fuente, bienvenido. 
Me marcho y 
Mi suerte maldigo.  
Yo quisiera estar siempre contigo, 
Me rompo en mitad del camino.  
Quiero ser como una mula, 
Terco, es mi más pura voluntad." 



08.- "Yo que vivía soñando 
en romperte el vestido. 
Ahora di que no"



09.- "Hace tanto que te espero 
que he perdido la conciencia social 
y ya no encuentro agarradero, 
abandonado en esta ausencia global. "

Acabaré despidiéndome como ha hecho Robe en alguna ocasión “y gracias también a los que me siguen hablando”.

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