Los lunes, de gris marengo, al sol.

I'm lost in the supermarket
i can no longer shop happily
i came in here for that special offer
a guaranteed personality... 

A. me contó una cosa curiosa que no he olvidado. Estábamos en un bar y nos sirvieron los cafés que habíamos pedido. Nos pusieron sendos sobrecitos de azúcar, de esos que son alargados, no de los clásicos. Procedí a la apertura de uno de los sobres y lo hice por uno de sus extremos. Fue entonces cuando A. me contó la historia del inventor de esos sobres. Me dijo que estaban ideados para se abiertos por la mitad, algo así como partir un palo, con lo cual, el azúcar salía por los dos extremos, generando un sólo envoltorio residual, y no los incómodos papelitos y fragmentos que dejaban los rectangulares al uso. Con mi "modus operandi", acostumbrado a los de toda la vida, había incumplido el propósito para el que fueron diseñados. 

Pues bien, resulta que el inventor de dichos sobres, frustrado porque la mayoría de la gente procedía a la misma usanza que un servidor, es decir, abriendo estos sobres por uno de los extremos, sufrió tal depresión y congoja que terminó poniendo fin a sus días suicidándose. Es una historia, con tintes de leyenda urbana, de la que desconozco su verosimilitud.




Desde que A. me contó la historia, cada mañana, cuando voy a tomarme el café, se me encoge el corazón unos instantes y procedo a abrir el envase correctamente, tal y como le habría gustado a su inventor. No he fallado ni un día. Puedo olvidarme de muchas cosas a lo largo del día, pero esto no se me ha olvidado, es curioso.

También ayer me quedé hasta las tantas viendo un documental de la vida de mi idolatrado Joe Strummer, que el dios del rock lo tenga en su gloria. No tiene mucho que ver con la historia anterior (o tal vez sí, no lo sé), pero quería contarlo. Hubo varios testimonios muy interesantes de músicos que hoy son referentes mundiales y que hablaban de las sensaciones que les produjo el encuentro con la música de The Clash. Yo había experimentado otras idénticas cuando escuché por primera vez el disco London Calling.

The Clash me hicieron saltar, agitaron mi pensamiento, confieso que alucino cada vez que oigo ese bajo de Paul Simonon en London Calling sonando como el martillo de un herrero en la fragua, admito que a pesar de las tremendos gazapos de Spanish Bombs, la intención de Joe Strummer no podía ser más honorable y lo consideré un Brigadista Internacional de la música. The Clash tienen canciones redondas, letras combativas, ritmos brillantes, actitud y creo que sinceridad. Porque la música es actitud y el sentimiento importa más que la técnica. 




Comentarios

Entradas populares de este blog

"El día que estés muerto sabrás cuánto te quieren"

Nuka

El Apartamento