“Espero que Cristo cumpla su promesa”

“Espero que Cristo cumpla su promesa”. 


Éste era el epitafio que Miguel Delibes quería ver escrito en su tumba. No sé si sus hijos aceptarían, lo que sí sé es que en la misa de su funeral se leyó el salmo nº34, el mismo que leía la comunidad de cristianos a la que pertenecía Cipriano Salcedo, protagonista de la novela “El Hereje”.






La novela cuenta la vida de Cipriano Salcedo y su paralelismo con la expansión de las corrientes luteranas por toda Europa.

Cipriano nace en Valladolid, exactamente el mismo día que Lutero publica sus 95 tesis contra las indulgencias. El parto causa el fallecimiento de la madre, que sumado al desarraigo que hacia él siente su padre, provocará en él un sentimiento de soledad y desamparo que sólo su ama de cría, Minervina, podrá mitigar durante algunos años.

Con un talento fuera de lo común y una formación poco ortodoxa en sus inicios, Cipriano consigue crear un fructífero de negocio de peletería para las clases altas de toda Europa que lo convierten en un comerciante célebre, obteniendo en esa misma época el título de Doctor en leyes y, algo más tarde, el reconocimiento de noble.

Pero Cipriano es un alma inquieta al que han dejado de importarle las riquezas materiales y que busca respuestas a sus preguntas, convirtiéndose en un apasionado lector y pensador. Así contactará con una comunidad de cristianos que son muy críticos con las actitudes de la Iglesia y que creen en otra forma de vivir el mensaje de Cristo, mucho más humilde, libre y semejante a la vida de los apóstoles y los primeros cristianos.

Las revueltas en la zona de los Países Bajos y Alemania, y el auge del Protestantismo, harán temblar los cimientos de occidente y tanto Carlos V, como la Iglesia, intentará ponerle freno. Un instrumento implacable e inexorable, creado a tal efecto, se encargará de localizar a estos grupúsculos y dar caza a cada uno de los individuos, la Santa Inquisición.

“El Hereje” es una descripción precisa de los horrores de la Inquisición y del Valladolid de la segunda mitad del siglo XVI. Es ahondar en las relaciones entre personas, en la tolerancia, en la libertad de pensamiento, en la bondad, en la maldad, en el amor, en la lucha contra uno mismo y contra la época que le ha tocado vivir, en las pasiones humanas y divinas, en el dolor, en la injusticia, en la certidumbre de que el infierno es la intolerancia de los demás.

“El Hereje” es la mejor novela que me he leído en muchos, muchos meses. Y, para profanos o timoratos, no penséis que se trata de oscuros textos sólo para eruditos, non ti preocupare, no temáis, se lee del tirón.

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