" No hay nada más económico que rezar."
Es curioso. A veces he pensado que debo mis ideas y sentimientos de justicia, solidaridad e igualdad, al cristianismo. Es cierto que me emociono con algunos pasajes de algún evangelio y que alguna que otra parábola, como la de "El hijo pródigo", son una muestra de lo que tenemos que ser realmente. Es cierto que mi idea de Jesús es particular, nunca lo digerí como dios, sino como hombre, como revolucionario que quiso romper con el orden establecido, con la hipocresía imperante, que despreciaba el dinero, la riqueza y a los ricos (se hartaba de repetirlo hasta la saciedad). Que se juntaba con lo peorcito de cada casa. Que decía que hay que amar al prójimo como a uno mismo.
Esto debe ser como algunas comidas, que no todo el mundo las digiere igual.
Cuando pienso en eventos como la JMJ 2011, eventos religiosos al estilo Festimad... hay algo que me chirría. No sé si serán los más de 50 millones de euros de coste del evento. Lo financien publica y privadamente, lo mismo me da, no es ético ni desde un punto de vista cristiano.
Pero la realidad es todavía peor. Por supuesto que se hace un cuantioso gasto público. La rebaja de un 80% del coste del abono de metro para los peregrinos, sólo eso, ya impide recaudar la friolera de 20 millones de euros. Los patrocinadores privados del evento (grandes corporaciones... ¿qué fue de aquello de "al césar lo que es del césar") destinarán 16 millones y medio de euros, que luego podrán deducir fiscalmente. Es decir, pervierten el uso de esos impuestos, que no repercutirán en las arcas públicas. Por no mencionar la cesión de terrenos y espacios absolutamente públicos y que todos mantenemos con nuestros impuestos. Yo también, como trabajador y como consumidor.
Es cierto que, como contrapartida, el evento registrará una recaudación por impuestos indirectos. Y la recaudación puede ser cuantiosa. Tampoco lo voy a negar. Pero volvemos a lo mismo, dinero-religión-religión-dinero, ¿no chirría la asociación?
Por si fuese poco, las altas instancias de la Iglesia transmiten un discurso derrotista y falto de caridad, donde la jerarquía está formada sólo por hombres, donde se dice que algunos modelos de familia no son válida. ¿Qué opinión les merece la homosexualidad? ¿y los anticonceptivos en el mundo superpoblado que vivimos?...
Por último, es paradójico cuanto menos, que hoy se consideren los últimos garantes y defensores de la vida, quienes durante tantos y tantos siglos impartían la muerte por doquier y a placer. Para más inri, hace unos sesenta años, más de un eclesiástico iba diciéndole a las cuadrillas de militares a quién debían matar en el pueblo, para posteriormente darle a alma tan descarriada descanso, tras la conveniente purificación.
Esto debe ser como algunas comidas, que no todo el mundo las digiere igual.
Cuando pienso en eventos como la JMJ 2011, eventos religiosos al estilo Festimad... hay algo que me chirría. No sé si serán los más de 50 millones de euros de coste del evento. Lo financien publica y privadamente, lo mismo me da, no es ético ni desde un punto de vista cristiano.
Pero la realidad es todavía peor. Por supuesto que se hace un cuantioso gasto público. La rebaja de un 80% del coste del abono de metro para los peregrinos, sólo eso, ya impide recaudar la friolera de 20 millones de euros. Los patrocinadores privados del evento (grandes corporaciones... ¿qué fue de aquello de "al césar lo que es del césar") destinarán 16 millones y medio de euros, que luego podrán deducir fiscalmente. Es decir, pervierten el uso de esos impuestos, que no repercutirán en las arcas públicas. Por no mencionar la cesión de terrenos y espacios absolutamente públicos y que todos mantenemos con nuestros impuestos. Yo también, como trabajador y como consumidor.
Es cierto que, como contrapartida, el evento registrará una recaudación por impuestos indirectos. Y la recaudación puede ser cuantiosa. Tampoco lo voy a negar. Pero volvemos a lo mismo, dinero-religión-religión-dinero, ¿no chirría la asociación?
Por si fuese poco, las altas instancias de la Iglesia transmiten un discurso derrotista y falto de caridad, donde la jerarquía está formada sólo por hombres, donde se dice que algunos modelos de familia no son válida. ¿Qué opinión les merece la homosexualidad? ¿y los anticonceptivos en el mundo superpoblado que vivimos?...
Por último, es paradójico cuanto menos, que hoy se consideren los últimos garantes y defensores de la vida, quienes durante tantos y tantos siglos impartían la muerte por doquier y a placer. Para más inri, hace unos sesenta años, más de un eclesiástico iba diciéndole a las cuadrillas de militares a quién debían matar en el pueblo, para posteriormente darle a alma tan descarriada descanso, tras la conveniente purificación.

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