La suerte del ganador.
Tengo un conocido, más que amigo, atolondrado, descuidado, despistado... pero de fondo muy noble. Es una persona muy olvidadiza, tanto para lo bueno, como para lo malo, no hace distinciones, no es selectivo. Lo mismo puede olvidarse completamente transmitirte un mensaje importante, como olvida que una noche te prestó 100 euros para tus juergazas nocturnas y hace seis meses que no se los has devuelto, ni lo harás. Este conocido es lo que denominamos vulgarmente "un desastre", un cabeza de chorlito, don despiste, aunque he podido constatar que tiene un corazón que no le cabe en el pecho.
Como antítesis y, a la vez, constatación de que el universo tiene materia y anti-materia, tengo otro conocido que es el opuesto esencial. Persona que cree recordar las cosas con memoria fotográfica, con la precisión milimétrica para calibrar todas las palabras que se dijeron o se dejaron de decir el día x a la hora z. Al menos es lo que él cree. ¿Y qué es real, lo que somos o lo que creemos que somos? En fin, eso ya lo debatiremos en otra ocasión. Como decía, mi amigo-conocido se tiene por garante del espartanismo, el orden, la formalidad, la precisión. Por contra, es una persona tremendamente exigente con el resto. No soporta las esperas, ni ser contradicho, no cree preciso ser amable con los demás, ni la paciencia cuando los demás cometen errores de bulto. Sin embargo, no es mal tío, a su manera.
Hay veces que lo que puede parecer una virtud, es una desgracia, sobre todo, para el que la posee. Hay veces que el verdaderamente virtuoso es el que menos lo parece. Y también viceversa.
Como antítesis y, a la vez, constatación de que el universo tiene materia y anti-materia, tengo otro conocido que es el opuesto esencial. Persona que cree recordar las cosas con memoria fotográfica, con la precisión milimétrica para calibrar todas las palabras que se dijeron o se dejaron de decir el día x a la hora z. Al menos es lo que él cree. ¿Y qué es real, lo que somos o lo que creemos que somos? En fin, eso ya lo debatiremos en otra ocasión. Como decía, mi amigo-conocido se tiene por garante del espartanismo, el orden, la formalidad, la precisión. Por contra, es una persona tremendamente exigente con el resto. No soporta las esperas, ni ser contradicho, no cree preciso ser amable con los demás, ni la paciencia cuando los demás cometen errores de bulto. Sin embargo, no es mal tío, a su manera.
Hay veces que lo que puede parecer una virtud, es una desgracia, sobre todo, para el que la posee. Hay veces que el verdaderamente virtuoso es el que menos lo parece. Y también viceversa.
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